Hace un tiempo ya, vi algo extrañamente cómico, que merece (y no la encuentro) una explicación. Tengo una compañera de mi facultad que una vez fue a clases con una mochila insólita; más que la mochila, era la marca: “Piel”. Para el común de las gentes, y hay que tomar en cuenta que hay más mujeres que hombres, esto no significa nada ¿verdad? Pero para el enterado, eso en la espalda de una chica caminando ahí por la calle, es graciosísimo (e intrigante). Aunque creo que ya no lo tengo que explicar tanto; todos los que leen esto o lo leerán, si alguna vez alguien lo hace (no porque sea desastroso, sino porque… ¿cómo se hace para que tu blog se pueda ver o sea de fácil acceso para la gente?, aunque todavía no lo deseo, algún día querré que alguien lea las sandeces que escribo -una manifestación del ego-), tienen una mente enferma, con el debido respeto, alterada, malsana, próxima a la desviación sexual. Todos tienen (¿o tenemos?) una parafilia escondida, estrujada, que queremos ocultar. Y seguro, si ya entendiste la causa de mi mofa, también estás incluido(a). Pero el conocer una marca de preservativos no lo considero una perversión, ni mucho menos, ¿hay algo de malo?, al contrario; es parte de la educación sexual que tanto ayuda a la planificación familiar y otras vainas que son relevantes. Como ven, la contradicción es parte de mi personalidad. Entonces, lo medular de esto es; sí, que mi compañera tiene una mochila de la marca de un condón.
No sé cómo llegó ella a tener una mochila de ésas, creo que ni al usuario más regular de ese preservativo le dan una mochila ¡una mochila Piel!, piensa… ¿cuántos condones tienes que comprar para que te regalen una de ésas?, ¿habrá otros regalos como cartucheras, globos, polos o gorros con esa marca?, ¿acaso fue un pedido grandioso el que ella hizo? Es probable que pidiera una o varias cajas por si acaso, quién sabe. Ya sabemos, gracias al comercial de Movistar, que todo al por mayor sale más barato, y, claro, resulta provechoso cuando vas a consumir un producto en cantidad; tú solo o entre varias personas al mismo tiempo. Lo que me hace pensar es que si pasa lo mismo con los condones, si una persona, sólo una, puede usar toda la caja antes de que se venza, si una chica puede hacerlo… ¿alguien puede? ¿Cuántos profilácticos vienen en una caja?, muchas relaciones al día ¿verdad? A no ser que haya entrado en combina con otras u otros, pero eso implicaría una fiesta bacanal, una orgía manifiesta, la que, conociéndola, no creo que haya organizado ni participado. Es una chica tranquila, ¿inocente?, bueno, al menos lo parece. Tan impensable como ampayar a María Pía en escenas eróticas con Tongo. No sé, pero me divierte pensarlo.
Esta situación, como muchas otras, abre una gran cuestión que ya tiene un lugar en mi mural de preguntas junto con otras: ¿Existe vida en otros planetas? ¿El hombre en verdad desciende íntegramente del mono? ¿Qué piensan las mujeres? ¿En verdad existe un dios? ¿Qué quiere decir el Dr. Mariscal en su clase sobre acto jurídico y negocio jurídico? ¿De dónde sacó Domitila una mochila marca de un condón? Mi espíritu investigador y mi afán de llegar siempre a una verdad, aunque no absoluta, me joderán durante un buen tiempo. La manera más fácil de descubrirla (preguntarle de dónde la sacó) es muy simple y falto de emoción para mí… bueno, la verdad es que no me atrevo. Tampoco preguntar como loco en todas las farmacias si regalan mochilas Piel si compro varios condones. Creo que me quedaré un buen tiempo intentando averiguarlo, ojalá pueda hacerlo, para avanzar en mi búsqueda de la verdad, en mi camino hacia la luz (tranquilo pues intelectual huachafo).
jueves, 25 de septiembre de 2008
sábado, 6 de septiembre de 2008
Crónica de una muerte enunciada
“El acelerador de partículas LHC entrará en funcionamiento el 10 de septiembre”… reza un titular en la página web de ADN, un diario español que no sé si sea de renombre, pero por lo menos así hace parecer su portal e información. Visité ese sitio de casualidad: una antigua “amiga” me pidió que le buscara noticias sobre ciencia y en el omnipotente google salió primera en la lista ADN.es. Debajo del título, la información dice más o menos así: “El Gran Colisionador de Hadrones (LHC, en sus siglas inglesas), el proyecto de investigación en física cuántica más ambicioso de la historia, ya tiene fecha de arranque: el 10 de septiembre de 2008. Ese día, el laboratorio en el que el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) ha invertido unos 5.000 millones de euros, recibirá su primer rayo de protones y empezará a funcionar”.
A primera vista dije: ehmm qué tal coincidencia… bueno, es algo bueno. Recuerdo que leí algo del CERN en el libro pseudorealista (o al menos así lo intentó el autor) “Ángeles y demonios” que, pienso, casi todos han leído, o por lo menos así lo delatan los perfiles de casi cualquier persona que veo en el hi5 y tiene más de 400 visitas (todos “admiran” la literatura de, o han leído a, o su autor favorito es Dan Brown, J. K. Rowlling o, en un asomo de buena lectura, Cuauhtémoc Sánchez -todos ellos con algún best seller, ¿curioso no?-). En ese libro de ficción disimulada, el mencionado laboratorio europeo intentaba recrear “La Gran Explosión” que dio, según muchos, origen al universo. También se creó, en la novela, la antimateria, que es la contraparte de la materia y que ambas se destruyen si tienen contacto; la que usarían los Illiminati, una sociedad secreta revivida por el autor, para destruir el Vaticano y, con esto, la religión católica.
Todo ello, sacado de una historia dantesca y bárbara (no por los vati-curas, sino por el impacto social), pareciese que fuere improbable de suceder. O al menos así lo pensaba hasta ahora, ya que rápidamente vaciló en mi cabeza luego de reparar en otro titular: “El laboratorio LHC tiene un 75% de probabilidad de extinguir la Tierra: dos científicos denunciaron ante un tribunal de Hawai las actividades del mega acelerador de partículas Large Hadron Collider porque dicen que puede acabar con la humanidad.” La razón de su afirmación, señala el español Luis Sancho, un estudioso, dice, del universo, es que “el CERN busca crear materia de máxima masa para estudiar los tres horizontes evolutivos de masa en el universo: nuestra masa, la masa extraña (más pesada y componente de las estrellas de neutrones) y la masa tau (probable componente de los agujeros negros). El problema es que la masa extraña y la masa tau se alimentan de la materia radiante de nuestro universo, convirtiéndola en materia oscura: en unos segundos la tierra se convertirá en una nova.”
Bueno, desde aquí quiero expresarles a los señores científicos que trabajan en el proyecto: gracias por lo que me toca. ¿Era necesario que, de los 366 días del 2008, tuvieran que elegir justamente el 10 de septiembre? ¿Alguna vez dejará de suceder algo el día de mi cumpleaños o en sus flancos? Si no es la destrucción de las Torres Gemelas el 11/09/01, el anuncio de Schumacher de retirarse como piloto el 10/09/06 o la muerte del físico Felix Bloch, Premio Nobel de Física por "el desarrollo de nuevos métodos en la medición precisa de efectos nucleares magnéticos" (que, oscuramente, está muy relacionado con lo del experimento en mención) el 10/09/83; son cosas que tienen relación con algo malo como el Muro de Berlín, que si bien su caída entre el 9 y 10 de septiembre de 1989 fue algo bueno, representó algo en esencia desastroso para Alemania y las familias de los que murieron intentando franquearla. O también está presente (ese día) en la vida de personas como Luis IV, rey de Francia, que nació y murió el mismo 10 de septiembre a los 34 años (que fue, al parecer, la edad en que murió Jesús de Nazaret; ya que está casi claro que el conteo a partir de su nacimiento -calendario gregoriano- está retrasado en tres o cuatro años). ¿Coincidencia? No es tan asombroso; tuve que buscar durante un buen rato qué cosas pasaron los 10 de septiembre en la historia, “que no panda el cúnico”.
Entonces, ¿será el día de mi cumpleaños el Apocalipsis? Sin bien los muchos científicos del centro europeo están de acuerdo en que tal experimento no representa, casi, ningún riesgo para la humanidad ni parte del universo como lo afirma el español Sancho, está, aunque pequeña, la contingencia. Como lo dice el científico Juan José Gómez Cadenas: “la posibilidad de que esto pase es menor que la de que un meteorito termine con nuestra especie”, pero, ¿no lo hizo uno con los dinosaurios? Sólo me queda, o mejor dicho nos queda esperar ese día; porque este evento es de especial importancia, algo que no se da cualquier día del año, algo que es de implicancias universales, en fin, algo que nos atañe a todos… estoy hablando de mi cumpleaños. ¡Dos décadas! Es un tiempo de vida considerable… y ¿qué he hecho hasta ahora? Bueno, tengo muchas cosa que no hice ¿no basta? Sería una coincidencia desfavorable que llegue el fin del mundo el día de mi cumpleaños, ¿estará mi muerte (y la de toda la humanidad) pactada para ese día?, siendo así, me tocará la suerte de Luis IV; pero nadie lo recordará porque ya no vivirá nadie quien lo haga. Al menos si pasa eso, todos morirán junto conmigo; como un extraño emperador cuasidivino que se lleva consigo a todo su pueblo. A todos alguna vez nos ha pasado (porque somos egoístas) que queremos que los demás vivan nuestras desgracias... bueno, esta vez será literalmente así.
La probabilidad es muy pequeña, es cierto. ¿Pero no la fue también de que Lex Luthor, amigo de Clark, se convierta en su archienemigo?, ¿que Dos Caras, que también era amigo de Bruno Díaz, se volviera su enemigo al desfigurarle el rostro un ácido?, ¿que el Hombre de Arena y el Dr. Octopus se volvieran villanos? Estos ejemplos infantiles y sin ningún apoyo científico, que son, al extremo, tontos y susceptibles de insultos y chifles, maltratos y linchamientos como el del alcalde de Ilave (que es probable que diera también algunos de ésos para explicar algo y que fue el porqué del enojo de la gente, como el del que lea esto), tienen un asidero no más bobo: que la gente sigue viviendo lo suyo, pensando en sus “cosas importantes”, yendo de prisa por la ciudad, desando morir si sus parejas los dejan, mortificándose al pensar en qué ropa ponerse, etcétera; y no saben del peligro de destrucción de la Tierra. No saben que en cuatro días ocurrirá este grandioso evento, que se hará, posiblemente, uno de los mayores descubrimientos de la física, que si no sale bien se destruirá el planeta, que será mi cumpleaños. Pero ¿habrá ahora un superhéroe que lo impida? Superman, Batman ni el Hombre Araña existen. Entonces, como dije, sólo nos queda hacer tiempo y las cosas que no hicimos pero siempre quisimos hacer… empezar a respondernos qué haríamos si mañana se acaba el mundo. Como dijo Horacio: carpe diem quam minimum credula postero (aprovecha el día, no confíes en el mañana).
PS. También el miércoles 10 Perú juega contra Argentina; no vi el partido de este último contra Paraguay pero sí la expulsión de Tévez (¡bien carajo!). Entonces, como ya vimos que lo impensado puede pasar, ¿se logrará ganarle a Argentina? Si los planetas se alinean… puede ser un empate. Y si no, ¿se cumplirá la máxima popular que dice que el día que Perú le gane a Argentina (luego de un montón de años) será el fin del mundo? Uno nunca sabe.
A primera vista dije: ehmm qué tal coincidencia… bueno, es algo bueno. Recuerdo que leí algo del CERN en el libro pseudorealista (o al menos así lo intentó el autor) “Ángeles y demonios” que, pienso, casi todos han leído, o por lo menos así lo delatan los perfiles de casi cualquier persona que veo en el hi5 y tiene más de 400 visitas (todos “admiran” la literatura de, o han leído a, o su autor favorito es Dan Brown, J. K. Rowlling o, en un asomo de buena lectura, Cuauhtémoc Sánchez -todos ellos con algún best seller, ¿curioso no?-). En ese libro de ficción disimulada, el mencionado laboratorio europeo intentaba recrear “La Gran Explosión” que dio, según muchos, origen al universo. También se creó, en la novela, la antimateria, que es la contraparte de la materia y que ambas se destruyen si tienen contacto; la que usarían los Illiminati, una sociedad secreta revivida por el autor, para destruir el Vaticano y, con esto, la religión católica.
Todo ello, sacado de una historia dantesca y bárbara (no por los vati-curas, sino por el impacto social), pareciese que fuere improbable de suceder. O al menos así lo pensaba hasta ahora, ya que rápidamente vaciló en mi cabeza luego de reparar en otro titular: “El laboratorio LHC tiene un 75% de probabilidad de extinguir la Tierra: dos científicos denunciaron ante un tribunal de Hawai las actividades del mega acelerador de partículas Large Hadron Collider porque dicen que puede acabar con la humanidad.” La razón de su afirmación, señala el español Luis Sancho, un estudioso, dice, del universo, es que “el CERN busca crear materia de máxima masa para estudiar los tres horizontes evolutivos de masa en el universo: nuestra masa, la masa extraña (más pesada y componente de las estrellas de neutrones) y la masa tau (probable componente de los agujeros negros). El problema es que la masa extraña y la masa tau se alimentan de la materia radiante de nuestro universo, convirtiéndola en materia oscura: en unos segundos la tierra se convertirá en una nova.”
Bueno, desde aquí quiero expresarles a los señores científicos que trabajan en el proyecto: gracias por lo que me toca. ¿Era necesario que, de los 366 días del 2008, tuvieran que elegir justamente el 10 de septiembre? ¿Alguna vez dejará de suceder algo el día de mi cumpleaños o en sus flancos? Si no es la destrucción de las Torres Gemelas el 11/09/01, el anuncio de Schumacher de retirarse como piloto el 10/09/06 o la muerte del físico Felix Bloch, Premio Nobel de Física por "el desarrollo de nuevos métodos en la medición precisa de efectos nucleares magnéticos" (que, oscuramente, está muy relacionado con lo del experimento en mención) el 10/09/83; son cosas que tienen relación con algo malo como el Muro de Berlín, que si bien su caída entre el 9 y 10 de septiembre de 1989 fue algo bueno, representó algo en esencia desastroso para Alemania y las familias de los que murieron intentando franquearla. O también está presente (ese día) en la vida de personas como Luis IV, rey de Francia, que nació y murió el mismo 10 de septiembre a los 34 años (que fue, al parecer, la edad en que murió Jesús de Nazaret; ya que está casi claro que el conteo a partir de su nacimiento -calendario gregoriano- está retrasado en tres o cuatro años). ¿Coincidencia? No es tan asombroso; tuve que buscar durante un buen rato qué cosas pasaron los 10 de septiembre en la historia, “que no panda el cúnico”.
Entonces, ¿será el día de mi cumpleaños el Apocalipsis? Sin bien los muchos científicos del centro europeo están de acuerdo en que tal experimento no representa, casi, ningún riesgo para la humanidad ni parte del universo como lo afirma el español Sancho, está, aunque pequeña, la contingencia. Como lo dice el científico Juan José Gómez Cadenas: “la posibilidad de que esto pase es menor que la de que un meteorito termine con nuestra especie”, pero, ¿no lo hizo uno con los dinosaurios? Sólo me queda, o mejor dicho nos queda esperar ese día; porque este evento es de especial importancia, algo que no se da cualquier día del año, algo que es de implicancias universales, en fin, algo que nos atañe a todos… estoy hablando de mi cumpleaños. ¡Dos décadas! Es un tiempo de vida considerable… y ¿qué he hecho hasta ahora? Bueno, tengo muchas cosa que no hice ¿no basta? Sería una coincidencia desfavorable que llegue el fin del mundo el día de mi cumpleaños, ¿estará mi muerte (y la de toda la humanidad) pactada para ese día?, siendo así, me tocará la suerte de Luis IV; pero nadie lo recordará porque ya no vivirá nadie quien lo haga. Al menos si pasa eso, todos morirán junto conmigo; como un extraño emperador cuasidivino que se lleva consigo a todo su pueblo. A todos alguna vez nos ha pasado (porque somos egoístas) que queremos que los demás vivan nuestras desgracias... bueno, esta vez será literalmente así.
La probabilidad es muy pequeña, es cierto. ¿Pero no la fue también de que Lex Luthor, amigo de Clark, se convierta en su archienemigo?, ¿que Dos Caras, que también era amigo de Bruno Díaz, se volviera su enemigo al desfigurarle el rostro un ácido?, ¿que el Hombre de Arena y el Dr. Octopus se volvieran villanos? Estos ejemplos infantiles y sin ningún apoyo científico, que son, al extremo, tontos y susceptibles de insultos y chifles, maltratos y linchamientos como el del alcalde de Ilave (que es probable que diera también algunos de ésos para explicar algo y que fue el porqué del enojo de la gente, como el del que lea esto), tienen un asidero no más bobo: que la gente sigue viviendo lo suyo, pensando en sus “cosas importantes”, yendo de prisa por la ciudad, desando morir si sus parejas los dejan, mortificándose al pensar en qué ropa ponerse, etcétera; y no saben del peligro de destrucción de la Tierra. No saben que en cuatro días ocurrirá este grandioso evento, que se hará, posiblemente, uno de los mayores descubrimientos de la física, que si no sale bien se destruirá el planeta, que será mi cumpleaños. Pero ¿habrá ahora un superhéroe que lo impida? Superman, Batman ni el Hombre Araña existen. Entonces, como dije, sólo nos queda hacer tiempo y las cosas que no hicimos pero siempre quisimos hacer… empezar a respondernos qué haríamos si mañana se acaba el mundo. Como dijo Horacio: carpe diem quam minimum credula postero (aprovecha el día, no confíes en el mañana).
PS. También el miércoles 10 Perú juega contra Argentina; no vi el partido de este último contra Paraguay pero sí la expulsión de Tévez (¡bien carajo!). Entonces, como ya vimos que lo impensado puede pasar, ¿se logrará ganarle a Argentina? Si los planetas se alinean… puede ser un empate. Y si no, ¿se cumplirá la máxima popular que dice que el día que Perú le gane a Argentina (luego de un montón de años) será el fin del mundo? Uno nunca sabe.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Mi amiga irreversible
A veces la inocencia se acaba. Y es inevitable… inminente; todas las cosas que creemos que son como las pensamos terminan siendo total y asombrosamente distintas. Hace poco menos de una hora, vi a una de mis más caras amigas saliendo de un hostal, bueno, hospedería, ya que en un hostal también te dan comida (le diría hotel, pero no sé si sus habitaciones son cómodas, no lo creo; pero...). Fue una sensación extraña, incómoda y… extraña. Iba caminado meditabundo, como acostumbro (por eso si me conoces y no te saludo en la calle, aunque estés a dos centímetros de mí, no es porque no quiera; sino porque mi enajenamiento es tal, que no me percataría si estoy mal arreglado, desnudo o con la ropa puesta al revés… ayudan también mis ojos cada vez más miopes), cuando de pronto la vi bajar los escalones que daban a la calle, lo cual no es muy conveniente si decides entrar a uno de esos lugares. Yo, indudablemente, preferiría uno más o menos discreto. He ahí el problema al momento de elegir un hostal inocuo para la imagen que la gente tiene de ti (más aun si vives, como yo, en una ciudad pequeña), claro que uno diría: ¿qué le importa a la gente lo que haga o deje de hacer? Efectivamente, y ahí está lo malo, le importa, y mucho. Es irremediable; la gente (y estamos incluidos todos) tiene una frenética pasión por saber la vida (y obra) de la mayor cantidad de personas que conozcan, y de las que no también.
La imagen que proyectas a veces lo es todo. Y no lo digo por narcisismo, sino porque si he aprendido algo en mi vida tan despreocupada, insensata y, a veces, egoísta, es que el prejuicio público es más fuerte y hasta más verídico, creíble que la propia verdad; tu verdad, la que sabes que es y no la que ellos piensan. Pero ese no es el punto, que al fin y al cabo no sé si alguien más la vio. El meollo acá es que yo, precisamente yo, la advertí. ¿Por qué?, no lo sé, y es, estoy exagerando, la marca de un antes y un después. A. v. s. H. (antes de verla saliendo del hotel) y D. v. s. H. Estoy escribiendo esto no por criticarla ni porque reproche lo que hizo; al contrario, soy la persona que está más fanáticamente de acuerdo con el sexo casual, prematrimonial (para las mujeres aún conservadoras), y hasta amical, que me parece uno de los mejores; sino porque no pensé que llegara el momento de descubrir que ella hacía esas “cositas”. Es como cuando (felizmente no me pasó) te dicen cuando niño que Papá Noel no existe, o el ratón de los dientes, o tu hada madrina o el amigo imaginario que te acompañó tanto tiempo. Supongo que se debe sentir así.
Sin duda me he quedado imbécil del impacto psicológico que me causó el imaginármela en la habitación del hotel con algún sujeto que espero no conocer porque mi idiocia sería mayor; un trastorno irreversible (obviamente estoy exagerando, y demasiado. A veces me critican por hacerlo tanto, pero así soy ¿qué puedo hacer?, la hipérbole es parte de mi vida). Lo embarazoso y penoso vendrá luego; no sé cómo hablarle la próxima vez que la vea, porque, al salir, ella también me vio y supongo que debe estar más enredada que yo. ¿Fingiremos que no pasó ni vimos nada?, ¿le diré que no sé de qué me habla si me pregunta si vi algo?, ¿hará lo mismo si yo se lo pregunto? No sé qué sucederá, pero me quedaré con este trauma, al parecer, toda la vida.
La imagen que proyectas a veces lo es todo. Y no lo digo por narcisismo, sino porque si he aprendido algo en mi vida tan despreocupada, insensata y, a veces, egoísta, es que el prejuicio público es más fuerte y hasta más verídico, creíble que la propia verdad; tu verdad, la que sabes que es y no la que ellos piensan. Pero ese no es el punto, que al fin y al cabo no sé si alguien más la vio. El meollo acá es que yo, precisamente yo, la advertí. ¿Por qué?, no lo sé, y es, estoy exagerando, la marca de un antes y un después. A. v. s. H. (antes de verla saliendo del hotel) y D. v. s. H. Estoy escribiendo esto no por criticarla ni porque reproche lo que hizo; al contrario, soy la persona que está más fanáticamente de acuerdo con el sexo casual, prematrimonial (para las mujeres aún conservadoras), y hasta amical, que me parece uno de los mejores; sino porque no pensé que llegara el momento de descubrir que ella hacía esas “cositas”. Es como cuando (felizmente no me pasó) te dicen cuando niño que Papá Noel no existe, o el ratón de los dientes, o tu hada madrina o el amigo imaginario que te acompañó tanto tiempo. Supongo que se debe sentir así.
Sin duda me he quedado imbécil del impacto psicológico que me causó el imaginármela en la habitación del hotel con algún sujeto que espero no conocer porque mi idiocia sería mayor; un trastorno irreversible (obviamente estoy exagerando, y demasiado. A veces me critican por hacerlo tanto, pero así soy ¿qué puedo hacer?, la hipérbole es parte de mi vida). Lo embarazoso y penoso vendrá luego; no sé cómo hablarle la próxima vez que la vea, porque, al salir, ella también me vio y supongo que debe estar más enredada que yo. ¿Fingiremos que no pasó ni vimos nada?, ¿le diré que no sé de qué me habla si me pregunta si vi algo?, ¿hará lo mismo si yo se lo pregunto? No sé qué sucederá, pero me quedaré con este trauma, al parecer, toda la vida.
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