viernes, 2 de mayo de 2008

Mal comienzo (también como bloguero, si existe esa palabra)

A veces lo que te pasa lo sientes como... normal y hasta aburrido, pero al pensarlo cuando estás solo o cuando no tienes nada más que hacer (en realidad sí, pero tu lado holgazán es más fuerte) y escribes en tu blog la primera entrada, parece que no es tanto así. Bueno, no me pasa esta vez, pero por lo menos es más interesante que hacer el trabajo de Constitucional General.

Me despierto (me despiertan), son las 6:45 y mis clases empiezan a las 7:00... no importa, es el primer día. Llego a mi clase; la leyenda viviente de la facultad, el profesor de Penal, cerró la puerta... d'oh! Comienzo el día muy a lo Homero. ¿Y ahora? a vagar dos horas en la aburrida facultad, lo más entretenido que podría hacer es ir a ver si ya funciona el ascensor que me ahorraría tantas tardanzas ¡ascensor puto!... No funciona, ya ni sé por qué lo hice; seguramente el que construyó el edificio también se lo preguntó.

Luego de unas vacaciones muy intensas (en toda la amplitud de la palabra) y, a la vez, relajantes al extremo de volverse aburridas, el comienzo de semestre me parece la mejor no-opción (no es cierto; quería seguir durmiendo hasta tarde). Pero, ¿por qué no buscar a alguien para hacerlo más llevadero? me refiero a alguna chica con quien pasarla bien si tener que hablar de los cursos. Espero que haya alguien interesante en primer semestre... no es que no la haya en los demás, es sólo que no sé si la haya. Las prefiero recién llegadas (qué atorrante).

Subo al salón de 1er semestre. Mala idea; hay que hacer cola, me había olvidado que las chicas no son precisamente lo que sobra en mi carrera (contra todo pronóstico... maldito examen de admisión) y que casi todos, y más aún los de semestres superiores -que, a mi parecer, son los más desesperados-, ponen todas sus esperanzas en que haya una chica interesante entre los cachimbos. Y ahora yo pasé a ser uno más en las filas y... me vieron -tácita e involuntariamente soy uno de ellos-. Y me pregunto si el resto de mi día será igual de desastroso.

¿Ése soy yo?

Soy megalómano y melómano. Adicto a encontrar explicaciones a todo, a hablar, a desmentir cualquier cosa que se diga o no se diga. Romántico sin tregua, melancólico, poeta fracasado y escritor frustrado. Soy un remedo de amante latino, irónico, calmado, sarcástico y serio al extremo. Solitario, amante de la noche, del cielo despejado, de las estrellas, del silencio. Idiota ególatra y egoísta protervo. Mujeriego pero fidelísimo, honesto. Soy una persona buena. Mentiroso ocasional y sincero compulsivo. No sé manejar carro y ya no uso mi bicicleta desde la vez que me atropellaron. Acrofóbico en teoría, indeciso, se me van las oportunidades buenas; sobre todo con las mujeres. Hablo en radio y no sé por qué ni de qué. Me gustan varias chicas a la vez pero no me he enamorado desde hace mucho, mucho tiempo y creo que nunca lo haré. No me gusta mi cabello pero no me lo corto y tampoco sé por qué. Soy perfeccionista y atorrante (aunque no sé exactamente lo que significa esa palabra), todos creen que leo mucho pero la verdad es que leo algo e intuyo todo lo demás relacionado al tema. Le caigo mal a la gente a primera vista porque parezco un petulante, un vanidoso. Soy introvertido, tímido, miedoso y algo impulsivo. Tengo manía de persecución y de que todos me conocen y saben mi vida, tengo la impresión de que todos conocen algo de mí; algo que quizá yo no conozca. Me gusta salir a divertirme pero casi nunca lo hago porque algo siempre sale mal. Soy extrovertido, osado, lengua larga y a veces (muchas veces) digo algo de más. Siento que no encajo en ningún sitio ni con nadie; soy un extraño a donde vaya y con quien esté. Soy una mala persona y algunos dicen que también mala influencia. Soy irreverente e intransigente pero muchas veces me vendo con facilidad. Muchas chicas piensan que me interesan pero la verdad es que no me intereso ni en mí mismo. He perdido el interés por mi apariencia, digo que no me hace falta nadie pero siempre ando en busca de alguien. Soy disconforme con todo pero complaciente hasta el filantropismo. Me cuesta decir que no, sobre todo ante la insistencia: es una debilidad. Quisiera escribir más seguido pero la pereza y la falta de tiempo (que no es otra cosa que pereza acumulada) me lo impiden. Soy de mente liberal en algunas cosas y en otras… lo intento.