Bueno, de vuelta a escribir después de un tiempo abrumador de exámenes y trabajos inacabables. Últimamente me han pasado cosas dignas de un programa de Laura Bozo, esas historias que sólo se veía en el remedo de talk-show (porque de hablar, sólo el nombre) que tenía. La mía es como ésas, sólo que sin golpes ni gritos ni carritos sangucheros, lo de amantes… ahora les cuento. ¡Que pase la…!
En la anterior entrada ya hablé sobre mi enamorada (si es que se la podía llamar así, que es lo que dije) y de cómo tuve un pleito con ella y que quizá ni la consideraba mi verdadera pareja. Lo de nosotros es un juego mutuo; hablamos las pocas veces que nos vemos, juega mucho con su lengua cuando está conmigo y practica sus tocamientos indebidos, que a mí me parecen bien debidos, si nos encontramos en uno de esos huecos que dicen que hasta la luz se traga (muy a lo Sanz).
A mí me parece que ella también lo tomaba así, y que en el fondo quería pensar que era algo más o menos serio. Este tiempo no me impedía, en lo absoluto, mirar a otras chicas, hablarles o tocarlas (aunque esto último no es posible si quieres conservar tus mejillas del mismo color e indoloras). Las últimas llamadas para vernos me insinuaban que este juego se acababa; al hecho de que soy un chico muy ocupado, aunque no lo parezca (no creo que lo sea, no en serio), se sumaban sus “hoy no puedo” cada vez más seguidos.
Ayer tenía que llamarla pero no lo hice, quizá por pereza o simplemente porque no quería. La salida frustrada con unos amigos de mi clase me tenía colgado un viernes sin saber qué hacer. Supongo que daré mi examen de inglés y me iré a casa. Dormir bien un viernes no está de más. Mientras esperaba que llegue mi profesora se me acerca una chica, literalmente (lo de chica), para venderme los pases que tenía para su fiesta de cachimbos, que era esa noche.
-amigo, colabórame con estos pases pes-. Me recordó al loco jeringa y no pude contener la sonrisa.
-ehmm… no sé… ¿de qué es?, ¿cuánto está?, ¿quieres pan?
-mi fiesta de cachimbo. Diez soles. No.
-¡diez! (con tono sarcástico). Si quieres te doy tres lucas.
-bueno… pero me compras tres.
Tan simple como eso, la conversación siguió en torno al mismo tema. Cuando empezaba a perder el control de la situación; estaba a punto de convencerme de comprarle las entradas (no sé por qué cedo muy fácilmente ante la insistencia, es un defecto), me refugié en una amiga que pasó por ahí en ese momento. Le pedí por favor que fingiera hablar de algo importante conmigo. La chica extraña y persuasiva me gritó, desde las escaleras, que me esperaría. Yo, aunque le había dicho eso para sacármela de encima, no le creí y asentí con la cabeza deseando que se fuera.
Sorpresivamente, la encontré al salir de mi examen, en el mismo lugar y no creí que estuvo esperando una hora y media. Eso es considerable para mí, yo normalmente espero unos minutos y me voy. No pude evitar sentirme mal conmigo mismo.
-¿ya vendiste tus entradas?- le grité algo esperanzado de que fuera así.
-¡no! Te estuve esperando- no me quedó otra que acercarme a ver qué hacía.
-ahora estoy yendo a mi facultad, si quieres me esperas en la puerta de tu fiesta y yo convenzo a mis amigos para ir y comprarte las entradas- era poco probable que pase, pero no sabía qué más decirle luego de que me esperara tanto tiempo.
-mejor te acompaño, ¿qué dices? ¿Puedo?
-(piensa algo para evitarla, ¡dile que no!) S-si… vamos (D’oh!)- tengo un claro conflicto con mi subconsciente.
No encontré a nadie en mi facultad. Todos se habían ido. Y, ¿qué hago con ella? Quise llamar a alguno de mis amigos pero ella no me lo permitió y me preguntó si quería ir con ella y ser su pareja. La cosa se puso peor, quizá mi más grande defecto es que no sé cómo decirle no a una mujer. Esto me trae muchos problemas. Le hablé de mi conflicto con los ternos y trajes de gala, que no me gusta usarlos y menos para una fiesta. Al parecer lo entendió y me tomó del brazo preguntándome si me molestaba. Le dije que no.
Esa chica extraña, de quien no recordaba el nombre, ni ella el mío, empezaba a acercárseme, peligrosamente, cada vez más. Me preguntó si tenía enamorada. No supe qué responderle; la verdad es que yo no me puse a pensar seriamente en eso. ¿Tenía enamorada? Aunque no la consideraba así, estaba saliendo con alguien. Resolví que no. A punto de decirle eso, veo pasar a mi enamorada apócrifa con un tipo alto de aspecto desaliñado y agarrados de la mano. No supe qué sentir y descubrí que no tienes que saber qué sentir sino sentir lo que sientes. Y no sentí nada. Nos miramos, yo con una mirada sarcástica y ella con una risa nerviosa. Pasamos uno al lado del otro sin volver la cabeza, al menos yo no.
-No. Estoy libre, no tengo enamorada-
-Ah que bueno. ¿Estás libre mañana en la tarde? ¿Tienes clases?
-No, sólo en la mañana, ¿Por qué?
-yo también estoy libre mañana en la tarde- Supe que ella quería que la invitara a salir (a veces soy tan poco perceptivo).
-Ya pues hacemos algo. ¿A qué hora tienes tiempo?
-Qué tal a las tres y media… te doy mi número, 951…
Ya en la puerta de su casa me abrazó y rodeó su cintura, y algo más, con mis manos. No es precisamente mi tipo, pero tampoco la rechacé, no sé por qué.
De camino a casa me di cuenta que se olvidó sus entradas en mi mochila. Bueno, veinte soles no se pueden desperdiciar así. Llamé al "webo" para ir a la fiesta esa. La pasamos bien con dos amigos más, un primo falso y diez tíos de seguridad que nos buscaban ferozmente por problemas que pasan cuando le haces caso a las "webadas" sin sentido que te invita a hacer el "webo". Aunque esto es parte de otra historia.
Son las tres de la tarde, iré a buscar a esa chica misteriosa para ver qué pasa, me mata la curiosidad. Extrañamente no tengo resaca; todo pasa por algo, me lo dijo mamá.
En la anterior entrada ya hablé sobre mi enamorada (si es que se la podía llamar así, que es lo que dije) y de cómo tuve un pleito con ella y que quizá ni la consideraba mi verdadera pareja. Lo de nosotros es un juego mutuo; hablamos las pocas veces que nos vemos, juega mucho con su lengua cuando está conmigo y practica sus tocamientos indebidos, que a mí me parecen bien debidos, si nos encontramos en uno de esos huecos que dicen que hasta la luz se traga (muy a lo Sanz).
A mí me parece que ella también lo tomaba así, y que en el fondo quería pensar que era algo más o menos serio. Este tiempo no me impedía, en lo absoluto, mirar a otras chicas, hablarles o tocarlas (aunque esto último no es posible si quieres conservar tus mejillas del mismo color e indoloras). Las últimas llamadas para vernos me insinuaban que este juego se acababa; al hecho de que soy un chico muy ocupado, aunque no lo parezca (no creo que lo sea, no en serio), se sumaban sus “hoy no puedo” cada vez más seguidos.
Ayer tenía que llamarla pero no lo hice, quizá por pereza o simplemente porque no quería. La salida frustrada con unos amigos de mi clase me tenía colgado un viernes sin saber qué hacer. Supongo que daré mi examen de inglés y me iré a casa. Dormir bien un viernes no está de más. Mientras esperaba que llegue mi profesora se me acerca una chica, literalmente (lo de chica), para venderme los pases que tenía para su fiesta de cachimbos, que era esa noche.
-amigo, colabórame con estos pases pes-. Me recordó al loco jeringa y no pude contener la sonrisa.
-ehmm… no sé… ¿de qué es?, ¿cuánto está?, ¿quieres pan?
-mi fiesta de cachimbo. Diez soles. No.
-¡diez! (con tono sarcástico). Si quieres te doy tres lucas.
-bueno… pero me compras tres.
Tan simple como eso, la conversación siguió en torno al mismo tema. Cuando empezaba a perder el control de la situación; estaba a punto de convencerme de comprarle las entradas (no sé por qué cedo muy fácilmente ante la insistencia, es un defecto), me refugié en una amiga que pasó por ahí en ese momento. Le pedí por favor que fingiera hablar de algo importante conmigo. La chica extraña y persuasiva me gritó, desde las escaleras, que me esperaría. Yo, aunque le había dicho eso para sacármela de encima, no le creí y asentí con la cabeza deseando que se fuera.
Sorpresivamente, la encontré al salir de mi examen, en el mismo lugar y no creí que estuvo esperando una hora y media. Eso es considerable para mí, yo normalmente espero unos minutos y me voy. No pude evitar sentirme mal conmigo mismo.
-¿ya vendiste tus entradas?- le grité algo esperanzado de que fuera así.
-¡no! Te estuve esperando- no me quedó otra que acercarme a ver qué hacía.
-ahora estoy yendo a mi facultad, si quieres me esperas en la puerta de tu fiesta y yo convenzo a mis amigos para ir y comprarte las entradas- era poco probable que pase, pero no sabía qué más decirle luego de que me esperara tanto tiempo.
-mejor te acompaño, ¿qué dices? ¿Puedo?
-(piensa algo para evitarla, ¡dile que no!) S-si… vamos (D’oh!)- tengo un claro conflicto con mi subconsciente.
No encontré a nadie en mi facultad. Todos se habían ido. Y, ¿qué hago con ella? Quise llamar a alguno de mis amigos pero ella no me lo permitió y me preguntó si quería ir con ella y ser su pareja. La cosa se puso peor, quizá mi más grande defecto es que no sé cómo decirle no a una mujer. Esto me trae muchos problemas. Le hablé de mi conflicto con los ternos y trajes de gala, que no me gusta usarlos y menos para una fiesta. Al parecer lo entendió y me tomó del brazo preguntándome si me molestaba. Le dije que no.
Esa chica extraña, de quien no recordaba el nombre, ni ella el mío, empezaba a acercárseme, peligrosamente, cada vez más. Me preguntó si tenía enamorada. No supe qué responderle; la verdad es que yo no me puse a pensar seriamente en eso. ¿Tenía enamorada? Aunque no la consideraba así, estaba saliendo con alguien. Resolví que no. A punto de decirle eso, veo pasar a mi enamorada apócrifa con un tipo alto de aspecto desaliñado y agarrados de la mano. No supe qué sentir y descubrí que no tienes que saber qué sentir sino sentir lo que sientes. Y no sentí nada. Nos miramos, yo con una mirada sarcástica y ella con una risa nerviosa. Pasamos uno al lado del otro sin volver la cabeza, al menos yo no.
-No. Estoy libre, no tengo enamorada-
-Ah que bueno. ¿Estás libre mañana en la tarde? ¿Tienes clases?
-No, sólo en la mañana, ¿Por qué?
-yo también estoy libre mañana en la tarde- Supe que ella quería que la invitara a salir (a veces soy tan poco perceptivo).
-Ya pues hacemos algo. ¿A qué hora tienes tiempo?
-Qué tal a las tres y media… te doy mi número, 951…
Ya en la puerta de su casa me abrazó y rodeó su cintura, y algo más, con mis manos. No es precisamente mi tipo, pero tampoco la rechacé, no sé por qué.
De camino a casa me di cuenta que se olvidó sus entradas en mi mochila. Bueno, veinte soles no se pueden desperdiciar así. Llamé al "webo" para ir a la fiesta esa. La pasamos bien con dos amigos más, un primo falso y diez tíos de seguridad que nos buscaban ferozmente por problemas que pasan cuando le haces caso a las "webadas" sin sentido que te invita a hacer el "webo". Aunque esto es parte de otra historia.
Son las tres de la tarde, iré a buscar a esa chica misteriosa para ver qué pasa, me mata la curiosidad. Extrañamente no tengo resaca; todo pasa por algo, me lo dijo mamá.





