Busco en internet una forma de trasplante de labios, una que no sea muy dolorosa porque ya no quiero sufrir más. Sé que suena duro, pero creo que es proporcional al daño que me causó. A situaciones drásticas, medidas drásticas. Mis labios se me hacen insoportables, ya no puedo convivir con ellos porque tocaron los suyos, porque besaron en exceso (y engañados, ingenuos) los labios de ella, porque desearon tanto el lugar de donde salían tantas mentiras. ¡Qué ingenuo! ¡Qué tarado! ¿Cómo mierda le creí todo lo que decía? No puedo creer que todo fue mentira, que todo lo que dijo era actuado, ¿por qué carajo dijo todo eso? ¿Qué ganaba engañándome? Pero ¿por qué no habría de creerle? No tenía motivos para desconfiar de ella, me vendió tanta magia…
Me dice que no mintió cuando dijo que me quería. No le creo. Me pide que la perdone por decir lo que dijo, “por haber dicho tantas estupideces.” No tengo de qué hacerlo; ¿sólo porque me dijo que no me quiere y que si lo dijo fue por que…”vamos, ¡era en las noches!”?, o que susurraba mi nombre cuando sus brazos me rodeaban y mi boca le besaba el cuello pero en realidad “sólo a veces sentía cosas cuando me abrazaba.” ¿Tengo que perdonarla por eso? Vamos, que no.
Esta vez hice del tonto del año. He sido un instrumento maleable y desechable. Yo sí sentía muchas cosas cuando la besaba, siempre. Y espero que no se le devuelva lo que está dando (que es una gran mentira, al final siempre vivimos de todo, y lo sé). Ahora no le respondo sus mensajes, violando lo que me prometí: contestarle siempre. Creo que no tengo nada que decirle. Aunque en estos casos siempre hay algo que decir y lo sabes: “Eres muy injusta, ¿por qué mierda me hiciste creer todo lo que al final me creí? ¿Qué carajo ganabas haciéndolo? ¿No se te vino una pizca de remordimiento cuando me decías que me querías mucho, que te habías enamorado de mí, que no podías esperar un poco para verme?”
Pero no lo hago, no le digo nada de eso porque creo que no serviría de nada. ¿Para qué? Decirle todo eso no me va a sanar, no me va a devolver lo que perdí. Reprocharle todo no va a hacer que me quiera. Quiero irme lejos, a algún lugar donde pueda encontrar eso tan difícil que en este mundo llaman amor. En la noche tuve un sueño, y que al final pareció ser premonitorio. Soñé con la primera mujer que me mintió casi igual que ella. Hay algo de lo que me he dado cuenta a lo largo de mi vida (que no es mucho tiempo); que en todas las relaciones siempre (y si no, es una suerte fabulosa, mítica) hay uno que entrega todo, que se enamora y que quiere más; y otro que simplemente se deja querer, y que no se entrega tanto, y que al final sufre menos. Yo he estado de ambos lados, unas veces sufrido y otras, indiferente. Esta vez me tocó estar del lado tormentoso, sin embargo comencé del otro. Pensé que esta vez sería, por fin en mi vida, algo equilibrado, una excepción a esta teoría perversa. No lo fue. Y no sé que hacer.
sábado, 10 de enero de 2009
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